En esta entrada me gustaría tratar brevemente un tema que ha estado implícito en entradas anteriores en mayor o menor medida: la empatía, el compañerismo pero esta vez enfocados hacia la integración en el juego. Quien no se ha visto en la situación anteriormente citada, tanto en un bando como en otro... En muchos casos la aportación de los padres es vital para que todos acaben jugando juntos ya que existen casos en los que ese niño que quería jugar no es aceptado, lo hace que este se sienta verdaderamente desplazado.
Puesto que estas situaciones los docentes no podemos manejarlas del patio del colegio para fuera y que la relación entre los compañeros intentaremos que sea como mínimo cordial y de respeto, considero que debemos fomentar varios valores para lograr así un grupo de clase unido e integrado.
Si un niño o niña quiere jugar el partido de la clase, saltar con la cuerda, jugar al escondite, tirar unos tiros a la canasta o echarse una partida de tazos juegue como juegue o tenga la habilidad tiene el mismo derecho que el resto de compañeros. Hacer ver a todos y cada uno de nuestros alumnos que el no facilitar la integración en cualquier juego es un acto feo y egoísta es otro de nuestros muchos cometidos. Así como debemos alabar y admirar actos donde un compañero invita a otro que se encuentra solo a jugar. Puede que este no lo sepa pero habrá hecho feliz a su amigo, y le habrá hecho sentirse valorado, algo impagable.

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